Visita a Fausti y Merce

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El regalo de Merce

 En esta ocasión nuestros pasos nos llevaron por las estrechas y acogedoras calles del antiguo pueblo de Fuencarral, lugar que aún guarda la magia de esos pueblos perdidos en el bullicio de la gran ciudad.

Y esa magia es la que encontramos en casa de Esther. Allí, Faustina, Merce y sus amigas, nos esperaban felices porque íbamos a compartir la tarde con ellas cargados de poesías, aunque realmente fueron ellas las que compartieron su tiempo y sus vivencias, con nosotros.

Alrededor de la mesa del comedor leímos versos clásicos y nuestros, así como de otros poekas y, a cambio, ellas nos dieron sus historias, anécdotas de niñas adolescentes y el amor con el que las habían vivido.

Descubrimos que, en nuestros corazones, todos somos poetas, sin rima, sin métrica, sin apenas saber escribir, todos podemos hacer un poema que conmueva, que provoque una lágrima o una sonrisa.

Así cambió el recital de manos y fueron ellas las que cogieron la batuta, sus versos llenaron la estancia y volvieron a ser niñas, felices y dicharacheras, llenas de vida. Sus ojos se fueron iluminando al ver que eran escuchadas, que ahora eran las protagonistas, sus caras se llenaron de felicidad y las horas pasaron raudas sin darnos cuenta.

Nos llevamos un gran regalo en el alma y una ilusión, ver la belleza de nuestro proyecto. Además Mercedes Sánchez Cuesta nos dedicó su poema “La Vejez”:

Cuando seamos viejos

caminaremos juntos de la mano.

Cuando seamos viejos

recordaremos nuestro pasado.

Cuando seamos viejos

al acariciarnos sentiremos

el temblor de nuestras manos.

Cuando seamos viejos

viviremos la tristeza

de ser separados.

Cuando seamos viejos

las lágrimas serán

las que besen nuestros labios.

Un especial recuerdo para la Sra. Faustina, madre de Esther Tristán, que nos dejó el 5 de abril del 2015, Domingo de Resurrección.